Cada día vemos en las calles egoísmo, deshonestidad, carencia de humildad y respeto, odio, es como una contaminación interna que habita en el cuerpo del ser humano, no se que pueda influir tanto como para dañar nuestra esencia, ¿será la situación del mundo?, ¿o tal vez la sociedad que nos atrapa entre su amargura y la necesidad de supervivencia?.
Esta sociedad que nos rodea se ha vuelto muy vacía, ya el amor no es la base o la clave de la vida, ya hacer las cosas por pasión no es importante, se hacen las cosas sin pensarlo, por hacerlas, porque no hay de otra, por obligación, el miedo al fracaso se ha convertido en una alta competitividad poco sana donde reinan los antivalores. La injusticia va de la mano con la obsesión por el dinero, hay mucho amor hacia lo material y poco amor hacia lo que realmente importa en la vida. La traición y la deslealtad se han convertido en hermanos y poco a poco se introducen en el amor para reinar sobre el.Todavía se está a tiempo para el cambio, para los comienzos, para la reflexión y el diálogo, nada va a cambiar si no comenzamos a ejercer el cambio interno en cada uno de nosotros. Y es que la vida, el tiempo y el día a día fuese muy distinto si conserváramos los valores inculcados en nuestro hogar. El discurso anterior muestra como todavía existen personas que se preocupan por el bienestar social, el bienestar espiritual, por el giro tan drástico que ha dado el mundo y quienes lo habitan. Es contradictorio pero todavía existen personas buenas, no todos los seres humanos reflejan esa vanidad. Pero por eso estas personas deben aportan lo que son, para que la bondad y el amor puedan postrarse como una mariposa en una flor ante el mundo, para que claridad pinte con sus colores la oscuridad.
Valerie Legisa
No hay comentarios:
Publicar un comentario